viernes, 27 de junio de 2025

📖 Lectura del Evangelio según San Juan (19, 17-30)


 

En aquel tiempo, Jesús, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota, donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio.

Pilato redactó una inscripción y la puso sobre la cruz. En ella estaba escrito:

"Jesús el Nazareno, el Rey de los Judíos."

Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde crucificaron a Jesús estaba cerca de la ciudad, y estaba escrita en hebreo, latín y griego.

Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

—No escribas "El Rey de los judíos", sino: "Este ha dicho: Soy Rey de los judíos".

Pilato respondió:

—Lo escrito, escrito está.

Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, tomaron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron también la túnica. Era una túnica sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo.

Y se dijeron:

—No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quién le toca.

Así se cumplió la Escritura:

"Se repartieron mis ropas y echaron a suertes mi túnica."

Y así lo hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María Magdalena.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre:

—Mujer, ahí tienes a tu hijo.

Luego dice al discípulo:

—Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura, dijo:

—Tengo sed.

Había allí un jarro lleno de vinagre. Sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca.

Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

—Todo está cumplido.

Y inclinando la cabeza, entregó el espíritu.


Crucifixión



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