Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús. Estas palabras del apóstol Pablo en su primera carta a los tesalonicenses nos invitan a vivir una vida de gozo, confianza y gratitud en medio de las circunstancias que nos tocan enfrentar. ¿Qué significa estar siempre alegres? ¿Cómo podemos orar sin cesar? ¿Por qué debemos dar gracias a Dios en toda situación? En este artículo vamos a reflexionar sobre estas tres actitudes que Pablo nos propone como parte de la voluntad de Dios para nosotros.
Estar siempre alegres no significa ignorar o negar los problemas, las dificultades o el sufrimiento que experimentamos en nuestra vida. Tampoco significa fingir una felicidad superficial o pasajera que depende de las cosas materiales o de las personas que nos rodean. Estar siempre alegres significa tener una profunda alegría interior que nace de saber que somos hijos amados de Dios, que él está con nosotros y que tiene un propósito para nuestra vida. Esta alegría no se basa en las circunstancias externas, sino en la certeza de la fe y la esperanza que tenemos en Cristo Jesús. Él es nuestra fuente de alegría, porque él nos ha salvado, nos ha perdonado, nos ha dado su Espíritu y nos ha prometido una vida eterna junto a él. Esta alegría se manifiesta en nuestro rostro, en nuestra palabra, en nuestro testimonio y en nuestro servicio a los demás.
Orar sin cesar no significa estar todo el tiempo de rodillas o repitiendo fórmulas religiosas. Tampoco significa descuidar nuestras responsabilidades o actividades cotidianas. Orar sin cesar significa mantener una constante comunicación con Dios, reconociendo su presencia y su acción en nuestra vida. Significa hablar con él como con un amigo íntimo, expresándole nuestros sentimientos, nuestros deseos, nuestras necesidades, nuestras dudas y nuestras inquietudes. Significa también escuchar su voz, meditando su Palabra, acogiendo sus inspiraciones, obedeciendo sus mandamientos y discerniendo su voluntad. Orar sin cesar significa también alabar a Dios por sus obras maravillosas, por su bondad y su fidelidad. Significa también interceder por nuestros hermanos y hermanas que sufren o que necesitan de nuestra oración.
Dar gracias a Dios en toda situación no significa ser conformistas o resignados ante el mal o la injusticia. Tampoco significa dejar de luchar por mejorar nuestra realidad o la de los demás. Dar gracias a Dios en toda situación significa reconocer que todo lo que tenemos y somos es un don de su amor y de su gracia. Significa valorar los dones que Dios nos ha dado, como la vida, la salud, la familia, los amigos, el trabajo, la naturaleza y tantos otros. Significa también agradecer las pruebas y los sufrimientos que nos ayudan a crecer en la fe y en el amor. Dar gracias a Dios en toda situación significa confiar en que él obra para nuestro bien en todas las cosas, aunque no las entendamos o no las veamos. Significa también compartir nuestros bienes con los más necesitados, siendo generosos y solidarios.
Estas tres actitudes: estar siempre alegres, orar sin cesar y dar gracias a Dios en toda situación son parte de la voluntad de Dios para nosotros en Cristo Jesús. Él quiere que vivamos así porque sabe que así seremos más felices y más santos. Él quiere que vivamos así porque así le daremos gloria y honra con nuestra vida. Él quiere que vivamos así porque así seremos luz y sal para el mundo. Que el Señor nos ayude con su gracia a poner en práctica estas enseñanzas de Pablo y a vivir cada día más cerca de él.




